Amigo, pon atención a lo que te
voy a contar. Dios se ha hecho niño, para crecer con nosotros, para sufrir con
nosotros, pero sobre todo para salvarnos. Te das cuenta que Dios no se quedo en
su misterio indescifrable, sino que salió de su luz inaccesible, y vino a
nuestras tinieblas humanas! Si, Dios se hizo como tú, como yo, se hizo
limitado, niño que crece, que aprende, que pregunta, un hombre que sabe oír y
que sabe responder. Se formó en la estrechez del seno materno, creció en una
patria insignificante, trabajó con sus propias manos, conoció el hambre, la
sed, la tristeza, las lágrimas, la alegría de la amistad, la nostalgia, el
temor, la tentación, el pavor… Te das cuenta
que todo eso está presente en la figura débil del Niño que comienza a
llorar en el pesebre entre el buey y el asno! Esto, amigos, nos muestra la Navidad,
lo que es capaz de hacer Dios, porque sencillamente nos ama!
Oh Jesús: Por los méritos de tu infancia haz que seamos cristianos
según tu corazón.
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